Una vez les dijimos cuánto necesitábamos. Lo usaron para jodernos.

Una vez les dijimos cuánto necesitábamos para llegar a la meta. Lo usaron para jodernos.

Sabían nuestro número. Y con ese dato fueron donde otro cliente y le ofrecieron menos —un undercut directo de precio—. Nos sacaron del medio con información que nosotros mismos habíamos puesto sobre la mesa.

Lo irónico es cómo terminó. Al cliente le fue mal con la opción barata. Terminó gastando casi el doble arreglando lo que no funcionó, y volvió.

Y cuando volvió, teníamos toda la razón para subirle el precio. No lo hicimos —lo dejamos en el original, aunque ahora nos costara más sostenerlo—, porque la confianza valía más que el margen de esa factura.

Pero la lección se me quedó clavada: un número en manos del otro deja de ser información y se vuelve palanca. No importa si es cierto. Es munición.

Por eso, hasta construyendo en público, mi número personal no sale. No por vergüenza. Por estrategia. El día que alguien sabe cuánta presión cargo, sabe dónde empujar.

¿Qué número estás compartiendo 'por transparencia’ que en realidad es una palanca que le entregás al otro?