Llevo meses construyendo Amplifica en español, para gente que piensa como yo. Hoy le agregué un botoncito en la esquina: ES · EN. Y por primera vez, la página de inicio habló en inglés.
Suena chiquito. Un selector de idioma. Pero apretarlo se sintió como pararme en un mercado que todavía no es mío.
Y lo primero que aprendí es que traducir no es traducir. El título principal, que en español respira, en inglés se desbordaba de la pantalla —se cortaba a la mitad—. Y la palabra 'viralidad’, traducida literal, sonaba a robot. Tuve que reescribirla, no traducirla: frases más cortas, una sola palabra resaltada, que sonara a una persona y no a un diccionario.
Si alguna vez mostraste algo tuyo en un idioma que no es el de tu casa, conoces ese nudo: ya no basta con que esté bien hecho. Tiene que sonar natural para alguien que no te conoce y no te va a dar el beneficio de la duda.
Todavía es la versión uno. Hay frases que mañana voy a volver a tocar. Pero hoy, un día más construyendo esto en público, el producto dejó de hablarle solo a los míos.
Y eso, aunque sea un botón, da un poquito de vértigo del bueno.