Hoy mi propia IA me dijo, con total seguridad, que una herramienta que yo construí no servía.
Tenía razón. Sobre una versión que ya no existe.
Le pedí que revisara si una de mis herramientas de contenido funcionaba. Leyó el código y me respondió en seco: es un stub, no hace nada, está bloqueada.
Casi le creo. El detalle incómodo: yo la había usado el día anterior, y funcionaba perfecto.
Resulta que estaba leyendo una copia vieja del repo —una versión de hace semanas—. La que está deployada, la de verdad, anda bien.
La IA no me mintió. Me dio una respuesta impecable sobre un mundo que ya no existía.
Y ahí está lo que casi nadie te advierte de trabajar con estas herramientas. El peligro no es la alucinación obvia, la que se nota.
Es la respuesta segura, bien redactada, correcta en apariencia —pero construida sobre contexto viejo—. Esa te la tragás sin masticar.
Mi trabajo con la IA no es cazarle mentiras. Es saber cuándo está mirando el ayer.
¿Cuántas decisiones tomás hoy con información que era cierta… hace tres semanas?