Le puse video en vivo a una de las reuniones más odiadas del mundo.

Hay una reunión que casi todo el que vive en un conjunto residencial conoce y casi nadie quiere: la asamblea de copropietarios. Domingo en la tarde, un salón comunal, tres horas para aprobar un presupuesto, y la mitad del edificio no fue —pero después opina en el grupo de WhatsApp.

Llevo un tiempo construyendo software para esa vida en comunidad. Y esta semana le metí a la asamblea lo que le faltaba: que puedas estar sin estar.

Ahora la asamblea tiene video en vivo adentro de la plataforma. No un link de otra aplicación pegado en un correo: el video vive en la misma pantalla donde está todo lo demás. Te conectas desde tu casa, levantas la mano digital, y el moderador te da la palabra. Si alguien comparte pantalla —el presupuesto, las cotizaciones—, eso tiene su propio espacio, no tapa a las personas.

Mi parte favorita es la más aburrida de contar: el quórum se actualiza en vivo. Cada vez que alguien se registra, el número se mueve solo, delante de todos. Quien haya estado en una asamblea sabe lo que vale eso: la media hora eterna de '¿ya llegamos?, ¿ya podemos empezar?’ con alguien contando planillas a mano. Esa media hora era el peaje de entrada de toda la reunión, y ya no existe.

Construir esto en una semana no fue magia: fue pararse encima de piezas que otros ya construyeron y concentrarme solo en lo que es nuestro —la mano alzada, el quórum, quién tiene la palabra. Hace unos años habría intentado construir el video desde cero, por orgullo. Me habría tomado meses y habría salido peor.

Lo que más me gusta de este trabajo es a quién le toca: no es software para gente de software. Es para la señora del 302 que no puede bajar al salón comunal pero quiere votar lo de su edificio.

¿Cuál es esa reunión en tu vida que nadie ha querido arreglar porque 'siempre ha sido así’?