Documentar en público todos los días tiene una trampa que casi nadie cuenta: para sostener el ritmo hay que publicar rápido, y publicar rápido tiene dos riesgos que me quitan el sueño. El obvio: decir algo que no debo —el nombre de un cliente, una cifra que no va. Y el sutil, que es peor: que el diario deje de sonar a diario y empiece a sonar a flex de LinkedIn.
Hoy conecté Amplifica —mi propia herramienta de contenido— a este diario, justo para atajar las dos.
Qué hace ahora
Antes de que una entrada salga, pasa por dos filtros:
- uno la revisa contra mis propias reglas de lo que no puedo decir —clientes, cifras, términos que no son míos— y me devuelve, en seco, dónde me pasé.
- el otro le pone nota a qué tan fiel es al alma de esto: ¿sigue siendo el diario honesto, o se está deslizando hacia manual?
Y si quiero llevar la entrada a LinkedIn o a X, hay un tercero que me dice qué tan bien armada está para ese canal antes de pegarla.
Lo honesto
Las notas no son la verdad. Son la opinión de un modelo: cambian cada vez que las corres, y el error de novato es perseguir el número. Lo que sirve es lo que te señala, no la cifra.
La prueba: la entrada de ayer —la de los ocho agentes— pasó por este filtro antes de que la diera por buena, y me dijo que se me había olvidado lo más importante. Hablarle a la persona que está del otro lado, la que arrastra la misma tarea que evade. Tenía razón. Agregué la línea. El post quedó mejor. Una máquina me recordó de qué se trataba esto.
Por qué lo cuento
Porque es la prueba más honesta que tengo de que Amplifica sirve: la estoy usando en lo mío, no en una demo. Si no puede mantener honesto mi propio diario, no puede cuidar la marca de nadie más. Dogfooding no es una palabra bonita —es la única demo que yo mismo me creo.
Y si tú también publicas tu trabajo en proceso, quizá reconozcas el miedo: decir de más, o peor, dejar de sonar a ti para empezar a sonar a marca. No estás solo en eso. Yo le puse una máquina enfrente; lo tuyo puede ser otra cosa. El punto es no publicar sin un espejo.
El diario que se escribía solo ahora también se corrige solo. La deuda de hoy era no tener filtro. Mañana será otra. El sistema es el mismo.
Mostrarlo mientras todavía es un borrador feo —y dejar que algo te diga cuánto— es la disciplina.